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lunes, 14 de febrero de 2011

Síndrome Nefrítico en pediatría

SÍNDROME NEFRÍTICO EN PEDIATRÍA
DR. FERNANDO I. FERNÁNDEZ DEL VILLAR
DEFINICIÓN
La lesión glomerular puede ser el resultado de alteraciones inmunológicas, hereditarias o de la coagulación. La causa más común es la inmunológica y produce una "glomerulonefritis" que es un término genérico, tanto para designar diversas patologías como un término histopatológico que significa inflamación de los capilares glomerulares.
La reacción inflamatoria secundaria a la lesión inmunológica, resulta de la activación de uno o más sistemas de mediadores bioquímicos.
El más importante es el sistema del complemento que tiene dos secuencias: la vía clásica que se activa por complejos inmunes antígeno- anticuerpo y la vía alterna o de la properdina que es activada por polisacáridos y endotoxinas. Estas vías convergen en el C y se producen anafilactotoxinas que aumentan la permeabilidad vascular y los factores quimiotácticos (Cq) que dirigen neutrófilos y al parecer macrófagos al sitio de la activación del complemento donde las células liberan sustancias que dañan la célula vascular y la membrana basal.
El sistema de la coagulación puede ser activado directamente iniciando la cascada de la coagulación o indirectamente siguiendo la activación del complemento. Los depósitos de fibrina se ubican en los capilares glomerulares y en la cápsula de Bowman. Además el sistema de la coagulación puede activar el sistema quinina, que también produce factores quimiotácticos y factores semejantes a las anafilactotoxinas.
La glomerulonefritis puede evolucionar en forma aguda o crónica.
GLOMERULONEFRITIS AGUDA
En pediatría, la glomerulonefritis aguda se caracteriza por ser un síndrome de comienzo brusco con edema, oliguria, hipertensión arterial y alteraciones del sedimento urinario (proteinuria. hematuria y cilindruria).
La forma más frecuente y mejor conocida de glomerulopatía aguda es la glomerulonefritis aguda postestreptocócica (GNAPE).
Es una enfermedad específica que, con pocas excepciones. tiene una etiología bien definida: infección estreptocócica, especialmente por el estreptococo 13-hemolítico del grupo A, y con rasgos clínicos característicos: edema, hipertensión, oliguria, alteración del sedimento urinario, hipocomplementemia, regresión espontánea y pronóstico benigno.
Etiología
Es conocido el hecho de que una infección estreptocócica faríngea o cutánea precede en 1 a 2 semanas (promedio 12 días) el inicio de la glomerulonefritis. Los estreptococos nefritógenos son los estreptococos β-hemolíticos del grupo A (EBHA).
No ha llegado a aclararse en que consiste la propiedad nefritógena. Sólo una pequeña proporción de los niños infectados con cepas nefritógenas desarrollan la enfermedad clínica (1 de cada 100).
Se ha encontrado con frecuencia la asociación de la glomerulonefritis con los EBHA del tipo Ti-Ml y el Tl4-M0 en los cultivos faríngeos y el Imp 19 en los cultivos cutáneos, pero también se han identificado como agentes etiológicos principales el tipo 12, 4.25, 49, 53, 55, 56 y 60.
La existencia de cepas nefritógenas explica la escasa presentación de recurrencias de la nefritis ya que, en respuesta a la infección, se establece una inmunidad que protege al individuo de un segundo ataque, mediante la producción de anticuerpos de tipo específico, siendo baja la probabilidad de una nueva infección con una cepa distinta, también nefritógena. El estreptococo tiene escasa difusibilidad por ello debe buscarse en el grupo familiar del paciente afectado.
En el grupo familiar se encuentran alteraciones en la orina en el 6% de los adultos y en el 33% de los niños. Esta diferente susceptibilidad explicaría la mayor incidencia de la enfermedad en estos últimos.
Se ha demostrado glomerulonefritis aguda también después de infecciones por estafilococos, neumococos y algunos virus. Hay poca información disponible; sin embargo, su aspecto parece semejar al de la GNAPE.
Fisiopatología
La afectación renal se manifiesta como consecuencia del depósito de inmunocomplejos en el interior del capilar glomerular, la activación del complemento y la liberación de los mediadores inflamatorios11. Paralelamente al depósito glomerular de C3 y de IgG, se produce una disminución de la concentración plasmática de C3, de la properdina y del proactivador C3, con normalidad en la concentración plasmática de la fracción C4, lo que indica que la activación del complemento tiene lugar por una vía alternativa, en concreto, por la llamada lectin-pathway12.
La activación del complemento produce liberación de factores quimiotácticos y el consiguiente depósito de linfocitos, monocitos y polimorfonucleares en el glomérulo, liberación de citocinas que amplifican la reacción inmunológica, como el factor de necrosis tumoral alfa13 y las interleucinas 1 y 6, entre otras. Como consecuencia de la inflamación glomerular se produce una disminución en la excreción renal de agua y sodio y, con ello, una expansión del líquido extracelular (hipervolemia). La disminución en el filtrado glomerular en presencia de un transporte tubular conservado estimula la reabsorción de sodio y agua (excreción fraccionada de sodio baja). La disminución de la excreción fraccionada de sodio y la hipervolemia se relacionan con la hipertensión14. La disminución del filtrado glomerular condiciona también un descenso de la depuración de creatinina (azoemia). La alteración en la permeabilidad de la membrana basal glomerular ocasiona hematuria y proteinuria. Existe una disminución de la actividad de la renina, aldosterona y vasopresina, así como un aumento del péptido natriurético atrial. A pesar de la supresión de la actividad de la renina plasmática, los inhibidores de la enzima de conversión de la angiotensina inducen un aumento transitorio del filtrado glomerular, lo que indica que existe un nivel crítico de la actividad intrarrenal de la angiotensina II. Las prostaglandinas E y F en orina están disminuidas, al igual que la calicreína.11
Patogenia
Los mecanismos por los que se produce la lesión renal en la glomerulonefritis postestreptocócica no están completamente aclarados. Es habitual encontrar en las preparaciones histológicas de esta enfermedad depósitos de inmunoglobulina (Ig) G y factor 3 del complemento (C3), lo que indica la formación de inmunocomplejos.
Sin embargo, no está definido si la inflamación glomerular se produce por inmunocomplejos circulantes, formados in situ o ambos4.
Se han publicado estudios que plantean la hipótesis de que uno o más antígenos estreptocócicos, con afinidad para estructuras glomerulares, se “plantan” en el glomérulo durante la fase inicial de la infección estreptocócica; entre 10 y 14 días después esos antígenos son atacados por anticuerpos5. Diferentes grupos de investigadores han propuesto diversos antígenos estreptocócicos como los causantes de desencadenar la reacción inmunitaria; entre ellos cabe mencionar la proteína M (merced a la cual los estreptococos se clasifican en grupos), el antígeno pre absorbente o endostreptocima6 y la eritrotoxina o exotoxina B y su precursor cimógeno7.
Cabe señalar que en un estudio multicéntrico ha sido precisamente el anticuerpo contra el cimógeno precursor de la proteinasa catiónica del estreptococo el mejor marcador de infección estreptocócica asociada con glomerulonefritis aguda, comparado con otros anticuerpos antiestreptocócicos, como antiestreptolisina O o anti-DNAasa B8. Aunque la concentración de inmunocomplejos circulantes no se correlaciona con la gravedad de la enfermedad, ello puede contribuir a su depósito masivo en el glomérulo después de que los inmunocomplejos formados in situ hayan alterado la permeabilidad de la membrana basal.
Al microscopio óptico, la GNAPE muestra una imagen de proliferación difusa, con aumento del número de células mesangiales y endoteliales, acompañadas de infiltración de la luz capilar y del mesangio por polimorfonucleares, monocitos y eosinófilos (fig. 1). Los términos glomerulonefritis endocapilar e intracapilar son apropiados para este caso, ya que la reacción inflamatoria tiene lugar por dentro de la membrana basal capilar, que limita los espacios endocapilar y extracapilar (epitelial). El grado de oclusión capilar se correlaciona con el descenso de la tasa de filtración glomerular9.
En los casos más graves las células epiteliales y los monocitos se acumulan en el espacio de Bowman y forman semilunas, lo que ocasiona una glomerulonefritis rápidamente progresiva.
Por inmunofluorescencia se manifiesta como un patrón granular de depósitos de IgG y C3 en el glomérulo, cuya disposición y morfología varían según el momento evolutivo de la enfermedad en que se realice el estudio histológico, circunstancia que algunos autores han utilizado para elaborar una clasificación clínico-patológica de la GNAPE10. La inmunofluorescencia permite realizar el diagnóstico diferencial con otros procesos que cursan con síndrome nefrítico, en particular con la nefropatía IgA, pues en ésta (ya se trate de la afectación renal exclusiva de la enfermedad de Berger, o de la forma sistémica de la enfermedad de Schönlein-Henoch) el depósito de IgA es predominante. La imagen típica que se describe en la microscopia electrónica es la presencia de “jorobas” (humps), que corresponden a depósitos de inmunocomplejos de localización subepitelial y que son más evidentes en las primeras semanas del proceso, con tendencia posterior a ir disminuyendo. Aunque las lesiones glomerulares son las que predominan en la histología de la GNAPE, también puede observarse afectación túbulo-intersticial, en forma de infiltración celular y edema.
Epidemiología
La tasa anual de GNAPE por 100.000 habitantes es de 7 en períodos endémicos, pero esta enfermedad evoluciona con brotes epidémicos que pueden más que duplicar esa cifra, llegando a 18 por 100.000 habitantes.
Es propia de los grupos etanos jóvenes: el 95% de los pacientes son menores de 15 años. El 50% tiene entre 5 y 9 años, aunque se presenta desde los 2 años.
Hay un predominio del sexo masculino (57%). Se presenta durante todo el año con alzas estaciónales en otoño (38%) que obedecen a un aumento de la GNAPE de origen cutáneo y en primavera (30%) debido a GNAPE de origen faríngeo. En el período epidémico la distribución es homogénea durante todo el año.
Es más habitual en grupos familiares con mayor grado de hacinamiento y promiscuidad.
Las cifras de mortalidad revelan un descenso desde 91 muertos en 1970 hasta 21 en 1981. No se registran defunciones en la década de 1990 debido a un diagnóstico más oportuno y al tratamiento adecuado de las complicaciones.
Cuadro clínico
El antecedente de infección estreptocócica cutánea (piodermitis) es cada día más común como causa de nefritis, sobrepasando el 50% del total. El origen respiratorio alto (la amigdalitis pultácea) le sigue en frecuencia.
Otro antecedente que es necesario investigar es la escarlatina, de la cual suele observarse, en el momento del inicio clínico de la nefritis, la descamación laminar. En ocasiones, sirven como puerta de entrada para la infección estreptocócica: abscesos dentarios, incisiones quirúrgicas o lesiones de varicela o de dermatitis atópica.
En un grupo de pacientes, la historia de infección estreptocócica (lE) previa no se precisa, pero en la mayo ría de los casos puede demostrarse en el laboratorio por medio de cultivos o estudios serológicos.
Alrededor de 2 semanas después de la infección estreptocócica, la enfermedad comienza a manifestarse por edema palpebral matutino; posteriormente se extiende al abdomen y extremidades.
La anasarca es excepcional. La orina es escasa en volumen, turbia y de un color más café que rojo. Los padres suelen describirla comparándola con té cargado, agua de carne lavada o bebida cola. La hematuria es total y sin coágulos.
A la exploración, el niño con nefritis aguda suele estar pálido, aletargado, inapetente y afebril. Si aparece alza térmica debe investigarse el foco causal, por lo general otitis o neumonías.
Deben buscarse los signos de lE reciente o activas tales como exudado amigdalino. adenitis cervical. Descamación cutánea laminar en las extremidades, y lesiones o cicatrices de piodermitis. El pulso suele ser más lento que lo normal.
Es frecuente una hipertensión arterial ligera o moderada: sobre el percentil 95 correspondiente para la edad. Es posible la elevación súbita de la tensión arterial, que puede llegar a cifras peligrosas y dar síntomas de insuficiencia cardíaca o encefalopatía hipertensiva. El fondo de ojo suele ser normal, como todo el resto de la exploración, si no se han presentado complicaciones. La urea sanguínea puede estar elevada.
El primer signo de mejoría es el aumento de la diuresis, con la consiguiente baja de peso. Al cabo de 24-72 horas comienza una poliuria abundante. La hipertensión se normaliza a medida que desaparece el edema, aunque puede persistir hasta el fin de la fase poliúrica.
Complicaciones de la fase aguda
Durante la fase aguda pueden presentarse tres tipos de complicaciones: insuficiencia cardíaca, encefalopatía hipertensiva e insuficiencia renal aguda.
Los niños con glomerulonefritis aguda e hipertensión tienen un pulso bradicárdico. Toda frecuencia cardíaca sobre 100 debe considerarse como insuficiencia cardiaca, por lo menos potencial. Cuando ya se ha producido la complicación se advierten: ortopnea. Ingurgitación venosa del cuello, ritmo de galope y hepatomegalia dolorosa, signos de retención sódica y congestión circulatoria con agrandamiento cardíaco y aumento de la trama vascular p en la radiografía de tórax. La insuficiencia cardíaca se encuentra presente al ingreso.
Los síntomas premonitorios de encefalopatía son: cefalea, mareos, molestias abdominales y vómitos, que pueden seguir de pérdida transitoria de la visión, hemiparesiasl desorientación y convulsiones tipo Gran mal.
La presión del líquido cefalorraquídeo está eleva da, pero el líquido es normal. No se debe realizar punción lumbar como prueba diagnóstica por el peligro de la compresión bulbar con paro cardíaco. La encefalopatía se presenta en el 3% de los GNAPE y su recuperación suele ser completa.
La insuficiencia renal aguda es una complicación rara (0,5%). La oliguria extrema habitualmente no dura más de 24-48 horas, por lo que no suelen presentarse las alteraciones bioquímicas propias de la insuficiencia renal aguda.
Exámenes Complementarios
Examen de orina
Durante el período de latencia de la enfermedad, suele ser normal, o con hematuria microscópica. En la fase aguda edematosa, la orina disminuye en volumen y la densidad no sobrepasa los 1.020. La albuminuria no suele llegar a 1 g%. No hay glucosuria.
El sedimento presenta un número aumentado de hematíes, leucocitos, células epiteliales y cilindros. Debe observarse la orina reciente si se quieren encontrar cilindros hemáticos porque se destruyen con facilidad. La albuminuria y la hematuria microscópica pueden persistir durante un tiempo.
Hemograma
Hay un descenso moderado de la hemoglobina y del hematocrito durante la fase edematosa. Se trata de una anemia normocítica-normocromica. Se pensaba que esto se debía exclusivamente a la hemodilución que producía la hipervolemia.
Ahora se sabe que también interviene una disminución de la eritropoyetina y de la ferritina. Es importante que el médico reconozca el carácter benigno y transitorio de esta anemia, pues no requiere tratamiento. De hecho, el tratamiento transfusional sólo complicaría la hipervolemia, pudiendo precipitar una insuficiencia cardiaca. El recuento y la fórmula leucocitaria y plaquetaria son normales.
Química plasmática:
El sodio, potasio, cloruro y bicarbonato plasmático son normales, excepto en enfermos con insuficiencia renal aguda en que se presentan los trastornos propios de dicho cuadro. La urea se eleva rara vez sobre 1 g%. La creatinina plasmática asciende también moderadamente.
Bacteriología
En general, la presencia del EBHA en cultivos faríngeos es de escaso rendimiento, En nuestra casuística no Supera el 30% de los enfermos hospitalizados. En los cultivos de piel la tasa de aislamiento del EBHA fue del 60 por ciento.
Serología e inmunología
La prueba serológica más empleada es la determinación del título de antiestreptolisina O (ASO). Un título elevado significativo o una elevación del título en pruebas repetidas confirman la existencia de una infección estreptocócica previa.
Comienza a elevarse a los 7 días de la infección, llegando a su valor máximo entre 3 o 5 semanas después. El antibiótico dado al inicio de la infección estreptocócica puede abortar la respuesta inmunológica.
En nuestra investigación, se incorporó dentro del estudio serológico la prueba de la anti-DNasa B. Sabemos que los títulos varían enormemente según sea la situación epidemiológica que se esté viviendo.
Los títulos que entrega la American Heart Association como normales no son aplicables a la situación chilena en que se encontraron como cifras normales para la anti-DNasa B de 240 U. Los estudios americanos dan como normal 100 U (3 diluciones menor).
En la GNAPE el 50% de las ASTO y el 76% de la anti-DNasa B están elevadas en forma significativa. El menor rendimiento de la ASTO está explicado por la alta frecuencia de localización estreptocócica cutánea, en que el poder inmunogénico del estreptococo es inhibido por la grasa cutánea y no se estimula la producción de anticuerpos.
La presencia de estos anticuerpos en la circulación sólo sirve para confirmar una infección estreptocócica reciente. Carecen de valor para estimar la gravedad o para seguir el curso de la nefritis aguda.
El complemento sérico (Complemento baja a los 15 días de la infección estreptocócica, coincidiendo con el inicio de la fase aguda edematosa y se normaliza 4 a 6 semanas después. Los valores normales son de 150 ± 50 mp.
El estudio de Complemento es un elemento útil en el diagnóstico de la GNAPE, ya que en pediatría, salvo el lupus eritematoso y la glomerulonefritis hipocomplementémica, ambos de baja frecuencia en la infancia, es la única nefropatía que cursa con Complemento bajo. La velocidad de sedimentación globular es inespecífica y su elevación y normalización no tienen una correlación directa y por ende pronóstica con la evolución de la enfermedad, como se describió en adultos.
Otros Exámenes
En caso de complicaciones se necesita radiografía de tórax, electrocardiogramas, etc. La biopsia renal es necesaria para confirmar casos de nefritis aguda atípica; también sirve para descartar la existencia de una nefropatía crónica.
Formas atípicas de presentación
Algunos casos de Glomerulonefritis aguda post Estreptocócica se inicia de manera atípica con signos y síntomas de afectación aguda de sistema cardiovascular o del Sistema nervioso central; que enmascara las manifestaciones propias de la neuropatía; o alteraciones mínimas o nulas de sedimentos urinarios, o hematuria.
Diagnóstico diferencial
Dado que la GNAPE se manifiesta clínicamente con el desarrollo brusco de un síndrome nefrítico agudo precedido de un proceso post-infeccioso, habrá que hacer diagnóstico diferencial con otras glomerulopatías post-infecciosas no estreptocócicas, enfermedades renales que se manifiestan como síndrome nefrítico, glomerulopatías secundarias a enfermedades sistémicas que cursan con hipocomplementemia, presentación de hematuria19, etc. Por ejemplo, en la nefropatía IgA encontramos frecuentemente hematuria macroscópica pero coincidiendo con un proceso infeccioso respiratorio agudo (no existe período de latencia entre el proceso infeccioso y el desarrollo de nefritis; además, la hipertensión arterial y el edema son poco frecuentes). Las concentraciones de C3 son normales.
La glomerulonefritis membranoproliferativa y la nefropatía lúpica cursan con hipocomplementemia, pero sus cifras no se normalizan tras el episodio agudo sin la previa administración de corticoides20.

Tratamiento
Se debe valorar el ingreso hospitalario siempre que se objetiven hipertensión, edemas, oliguria, alteraciones hidroelectrolíticas e insuficiencia renal. En cualquier caso, el tratamiento del síndrome nefrítico agudo requiere de un estrecho control médico.

Medidas Generales:
* Reposo en cama: El grado de restricción de la actividad debe variar con la gravedad de las manifestaciones clínicas.
En casos con hipertensión y congestión circulatoria el reposo en cama es estricto por el peligro de insuficiencia cardiaca. El reposo en cama se mantiene hasta que el edema desaparezca y se estabilice el peso y la presión arterial en sus niveles se normalice.
* Balance hídrico: La ingestión de agua no debe exceder la capacidad excretora del riñón. El mejor índice control del balance hídrico es el peso diario durante la fase aguda edematosa, hasta que el peso se estabilice las cifras previas a la enfermedad. Se debe medir la diuresis horaria.
* Dieta: Durante la fase edematosa puede ser necesaria la restricción en el contenido de sodio, potasio y proteínas de la dieta. El sodio debe reducirse en todos los niños con edema e hipertensión. El potasio debe ser sistemáticamente reducido en la dieta en los primeros días hasta que se compruebe que no hay oliguria extrema o anuria. Las proteínas se eliminan a 0.5 g/kg/día cuando hay uremia. Si se acompaña de insuficiencia renal y oliguria, se restringirán los fosfatos y el potasio, junto con una dieta hipoproteica (0,6-1 g/kg/24 h) y normo o hipercalórica. Cuando la diuresis y la uremia llegan a lo normal, deben suspendérselas medidas restrictivas.
Tratamiento especifico:
* Infección Estreptocócica: Se pautarán antibióticos sólo si existe infección activa. La erradicación del estreptococo no influye en la evolución de la enfermedad renal, pero evita el contagio y la presentación de nuevos casos. Se usa penicilina G oral a dosis de 125 mg cada 6 h durante 10 días o Penicilina benzatínica por vía intramuscular (600.000 U en menores de 30 Kg. o 1.200.000 U en mayores de 30 Kg; en dosis única).
* Hipertensión Arterial: Si la hipertensión es importante y no cedo con las medidas generales se indicaran diuréticos de acción rápida vía endovenosa (Furosemida, 1 -2 mg/kg por dosis, en caso de hipervolemia marcada puede llegarse hasta 10 mg/Kg). Lo habitual es que la acción diurética sea efectiva a los 20 minutos. Sí no desciende utilizar antagonistas de los canales de calcio como la Nifedipina: 0,2 – 05 mg/Kg/día vía sublingual de inicio y vía oral de mantenimiento
* Insuficiencia Cardiaca: Por ser secundaria a la hipervolemia responde al tratamiento con diuréticos.
* Insuficiencia Renal Aguda: Suele ser de corta duración, se trata con intercambio iónico y la diálisis peritoneal.

Indicaciones de biopsia renal:
Estaría indicada la realización de una biopsia renal ante: a) presentación atípica (antecedentes de afección renal, falta de antecedente infeccioso, insuficiencia renal progresiva, síndrome nefrótico persistente, ausencia de hipocomplementemia en etapa aguda, signos de enfermedad sistémica, edad inferior a 2 años o superior a los 12 años, hematuria coincidente con el proceso infeccioso agudo sin período de latencia); b) persistencia de síntomas más allá de los márgenes descritos (hipertensión, oligo-anuria y macrohematuria superior a 3 semanas, microhematuria superior a 2 años, complemento disminuido durante más de 10 semanas, proteinuria durante más de 10 semanas o disminución de la función renal durante más de 3 meses), y c) duda diagnóstica (aumento progresivo de la creatinina, sospecha de glomerulonefritis con semilunas o proteinuria masiva)22.
Evolución y Pronóstico: El alta está condicionada por la caída de la presión arterial a los límites normales, la fusión de los edemas, comprobada por la estabilización del peso durante más de 3 días y la desaparición de la hematuria macroscópica.
La hematuria y la proteinuria sirve para indicar la gravedad, ya que la presencia de proteinuria durante más de 6 meses o de una hematuria mas allá de del año no significa que paso la enfermedad a cronicidad.
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Reflujo Vésico-ureteral

REFLUJO VESICOURETERAL
DR. FERNANDO I. FERNÁNDEZ DEL VILLAR
INTRODUCCIÓN
Uno de los temas más controvertidos en el campo de la urología infantil es el reflujo vesicoureteral. Si bien en los aspectos diagnósticos no hay grandes diferencias, los autores no concuerdan del todo en diferentes aspectos terapéuticos, con opiniones que van desde conductas conservadoras hasta quirúrgicas. Sin embargo, ha ido apareciendo luz en el tema a medida que se ha estudiado la historia natural de esta patología y se ha conocido su patogenia, los tipos de reflujo, sus asociaciones y sus complicaciones.
Hasta hace algunos años, aquellos reflujos primarios de alto grado y los secundarios, como los que se encuentran en la duplicación pieloureteral, eran de tratamiento quirúrgico desde el momento del diagnóstico, pero la experiencia ha demostrado que también tienen resolución espontánea al cabo de algún tiempo de observación y por lo tanto se ha planteado su manejo médico inicial, sin arriesgar en este lapso la calidad y cantidad de parénquima renal existente. El Comité Internacional de Estudio del Reflujo, en el año 1981, agrupó a varios centros norteamericanos y europeos planteando la alternativa de manejo médico versus la quirúrgica, no encontrando diferencias en el resultado final de la solución del reflujo y en el daño renal secundario.
Muchos médicos han dedicado gran parte de su vida profesional al estudio del reflujo, desde Galeno que en la Edad Media ya reconocía la competencia de la unión ureterovesical en perros como factor preventivo del reflujo vesicoureteral; Pozzi que en 1983 demostraba la presencia de reflujo en animales y en el ser humano, mas no adelantaba una interpretación; pero no fue hasta principios del siglo XX en que Sampson y Young simultáneamente describieron la inserción oblicua del uréter en la vejiga, inserción que actuaría como válvula que impediría el reflujo de la orina.
Hutch en 1952 demostró la asociación de reflujo y pielonefritis crónica, agregando Hodgson años después que el factor infeccioso era fundamental en tal ecuación para producir daño renal, y en el año 1975 Smellie publicaba sus resultados sobre disminución de la cicatriz renal en pacientes portadores de reflujo, a los que había tratado con dosis bajas de quimioprofilaxis, manteniendo estéril la orina.
En esos mismos años, Mackie y Stephens presentaban su teoría de ectopia ureteral asociado a displasia renal en ciertos pacientes que presentaban reflujo vesicoureteral. Ransley y otros en el año 1981 aportaban sus estudios de prevención de cicatriz y daño renal con el tratamiento oportuno de la pielonefritis aguda, y pocos años después planteaba las características del reflujo vesicoureteral en el feto y sus consecuencias.

ASPECTOS EPIDEMIOLÓGICOS
Entre 5 y 7% de las niñas menores de 15 años tendrán una infección urinaria, siendo la incidencia mucho menor en hombres. El 1% de las infecciones en niñas son asintomáticas o son subdiagnosticadas, con la grave consecuencia de que 21% de ellas presentan ya cicatriz renal en el momento de su diagnóstico.
La cifra de malformación urológica asociada según diferentes autores va entre 30 a 50% en pacientes que han presentado una infección urinaria, en su gran mayoría reflujo vesicoureteral, con un 20 a 35% en el universo de pacientes con antecedentes de infección y un 50% en los neonatos. En lactantes el riesgo de un nuevo episodio de sepsis por foco urinario sube a 60%, de ahí la necesidad de un diagnóstico precoz de la infección y su estudio oportuno por el médico o el pediatra general.
La incidencia de insuficiencia renal crónica en Chile al año 1998 es de 40 nuevos pacientes por año en menores de 18 años, según estadística entregada por la Rama de Nefrología de la Sociedad Chilena de Pediatría. Un tercio de estos pacientes son secundarios a patologías relacionadas con infección urinaria, como reflujo vesicoureteral, estenosis de la unión ureterovesical, síndrome de Prunne Belly, vejiga neurogénica, etc. El 12% de las causas de falla renal terminal está dada por nefropatía de reflujo, cifra aún bastante alta si pensamos que con un diagnóstico y tratamiento oportuno estos pacientes no debieran llegar a los programas de diálisis y trasplante renal. En el Hospital de Niños Roberto del Río, se incorporan entre 5 a 6 niños/año a estos programas, y si bien la cifra de trasplante de órganos ha mejorado substancialmente en los últimos años, aún no se resuelve en forma eficiente el problema, por lo que crece la lista de espera con la consecuente alteración del desarrollo y calidad de vida de estos pacientes.
ETIOLOGÍA
El factor de inserción oblicua del uréter al llegar a la vejiga como válvula continente para prevenir el reflujo vesicoureteral es ampliamente conocido. Sabemos que siendo este un factor pasivo, debe guardar una relación 4 o 5:1 en el largo del túnel al diámetro del uréter, para cumplir con este objetivo. La acción del trígono vesical y de fascículos musculares que van desde los meatos ureterales al verumontanum en la uretra en el hombre, más la acción del peristaltismo ureteral, son los factores activos del mecanismo antirreflujo. La disminución del largo del túnel submucoso ureteral, provocará la vuelta de la orina desde la vejiga hacia el uréter o incluso el riñón, condición que si no se asocia a otros factores, constituirá lo que conocemos como reflujo primario, y la presencia de otros factores que lo condicionen, como vejiga neurogénica, valvas de uretra posterior duplicación pieloureteral, divertículo vesical de Hutch, etc., se conoce como reflujo secundario.
Existen factores hereditarios o genéticos en relación al reflujo. Es así que 66% de los hijos de padres que padecieron la enfermedad sufrirán de ella, y un tercio de los hermanos de pacientes portadores del reflujo también la tendrán.
Un 17% de las dilataciones renales prenatales corresponden a reflujo vesicoureteral, habitualmente de grado IV o V, de preferencia varones, y asociado en un porcentaje importante a displasia renal, denominándose reflujo congénito o fetal. Por último, están los displásicos propiamente tal donde la ectopia ureteral congénita determinará una inducción del blastema renal en forma anómala, lo que resultará en un riñón también displásico, de acuerdo a la teoría de Mackie y Stephens.
 FISIOPATOLOGÍA DEL REFLUJO
El sistema ant-ireflujo se basa en cuatro elementos:
• Longitud del trayecto intramural.
• Calidad de las fibras musculares que unen el meato ureteral al trígono.
• Proporción entre la longitud del trayecto intramural y el calibre del uréter a nivel de la unión ureterovesical.
• El tono de la pared muscular de la vejiga
La longitud del trayecto intramural del uréter aumenta con el crecimiento, mide aproximadamente 5 mm. en el recién nacido y unos 20 mm en la edad adulta. Esta longitud puede alcanzase alrededor de los 12 años. Se ha reportado que los uréteres refluyentes tienen una relación longitud trayecto intramural/calibre del uréter de 1,4/1. La relación para que el mecanismo anti-reflujo sea efectivo es aproximadamente de 5/1. Cuando el cirujano realiza una reimplantación quirúrgica según técnica Cohen intenta conseguir una relación de 3/1.
CLASIFICACIÓN
La Clasificación Internacional del Reflujo es la más utilizada hoy en día en la mayoría de los centros urológicos, está basada en la cuantía del reflujo y el grado de compromiso del árbol urinario (figura 1).
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Figura 1: Esquema de grados de reflujo.


REFLUJO PRIMARIO: SIGNIFICACION DE LOS GRADOS
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http://www.pediatriaenlared.com.ar/curso_virtual_de_actualizacion_pediatrica/2005/gradoIII.jpg
grado I
grado II
grado III
ALTO GRADO
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http://www.pediatriaenlared.com.ar/curso_virtual_de_actualizacion_pediatrica/2005/gradoV.jpg
grado IV
grado V
                     

                       Grados de reflujo vesicoureteral
Grado
% pacientes con cicatriz renal
I. Reflujo a uréter sin dilatación
II. Reflujo alcanza la pelvis renal sin dilatación pielocalicoureteral
III. Reflujo alcanza pelvis con dilatación leve a moderada del aparato pieloureteral
IV. Se agrega a lo anterior compromiso de los cálices y mayor dilatación y tortuosidad del uréter
V. Grosera dilatación y tortuosidad de la pelvis y uréter. Hay eversión de los cálices y habitual- mente reflujo intrarrenal
23%
50%

77%


100%


100%
PATOGENIA DE LA NEFROPATÍA POR REFLUJO
La ecuación reflujo más infección urinaria provoca daño renal. Los microorganismos asociados a infección urinaria no requieren solamente de malformación asociada para alcanzar el riñón y provocar la pielonefritis aguda, muchas cepas de E. coli presentan elementos en su estructura que permiten la mayor adherencia al epitelio urinario y el huésped también presenta receptores especiales que se conjugan con el germen para producir infección.
Factores fisiológicos asociados, tanto en mujeres como en varones, una uretra breve y más expuesta a los microorganismos en las primeras y la fimosis fisiológica en los últimos, permiten el ingreso de gérmenes a la vía urinaria iniciada la infección. Muchas cepas solo tendrán la capacidad de producir cistitis y no pielonefritis, y otras, las P-fimbriadas o en presencia de reflujo vesicoureteral, crearán condiciones como la disminución de la motilidad ureteral, e inducirán cambios morfológicos en las papilas, lo que se traducirá en reflujo intrarrenal y por ende adherencia del germen al riñón.
La razón que explicaría el que las fibrosis o cicatrices renales sean en los polos renales con mayor frecuencia está dada por los estudios realizados por Ransley y Risdon y publicados en el año 1978, que dieron cuenta del tipo de papilas renales existentes en el riñón humano. Aquellas cóncavas, de disposición polar, facilitarían el reflujo intrarrenal y por ende la adherencia bacteriana y consecuente cicatriz. Aquellas papilas convexas impedirían tal fenómeno, disminuyendo la posibilidad de nefropatía por reflujo.
Una vez adherida la bacteria al riñón se inicia una serie de cascadas de respuesta inmunológica, activación del complemento y liberación de prostaglandinas que estimularían una respuesta inespecífica de fagocitosis, muerte bacteriana, liberación de iones superóxido y de lisozimas que provocarán daño y muerte de células tubulares, con la consecuente invasión bacteriana del intersticio renal, cicatrices y dejando como secuela una pielonefritis crónica, que en definitiva llevará a la pérdida de la función renal global.
DIAGNÓSTICO
En la pesquisa del reflujo vésico-ureteral en los países en vías de desarrollo como el nuestro, influyen no tan solo aspectos de índole médico propiamente tal, sino que también aspectos económicos que de alguna manera deciden nuestras conductas frente a algunas patologías. Aún en las escuelas de medicina se les enseña a los alumnos tanto de pre como postgrado normas etarias y de género para tener en cuenta en el momento de definir el estudio de una infección urinaria. Las cifras de insuficiencia renal crónica y pacientes en espera de un donante renal, son elocuentes. Por lo anterior creo que toda infección urinaria al menos febril debe ser estudiada como tal sin importar sexo ni edad.
La clínica va desde los casos asintomáticos hasta los muy floridos con sepsis graves como ocurre en los neonatos y lactantes, pasando por un grupo no infrecuente y bastante importante como es aquel que presenta sintomatología de vejiga inestable, que en ciertas ocasiones puede agravar o incluso causar reflujo vésico-ureteral, constituyendo la población a estudiar.
La orina completa y un urocultivo realizado en condiciones óptimas deben permitir un diagnóstico certero de infección urinaria. El hemograma con características sépticas, una velocidad de sedimentación aumentada y lo mismo la proteína C reactiva permiten con bastante certeza realizar el diagnóstico de pielonefritis aguda. Las pruebas de función renal y metabólica nos permiten tener el punto de partida en cuanto a su compromiso funcional.
El ultrasonido en buenas manos es una herramienta adecuada para estudiar la morfología renal, de uréteres y vejiga, permitiendo apreciar obstrucciones de vías urinarias, patologías vesicales como el Ureterocele y también dilatación uretral en casos de valvas de uretra posterior. Es bueno también en diagnóstico de cicatrices renales aunque hay otros métodos de elección para ello. En ocasiones también permite identificar el riñón afectado por la infección por el aspecto inflamatorio que presenta.
La uretrocistografía miccional de resorte del especialista, nos da el diagnóstico y grado del reflujo, con detalles de la anatomía y función vesical, siendo el examen de elección inicial. Tiene el inconveniente que irradia bastante y que su rendimiento aunque alto, no supera el 85% en dos llenes consecutivos. La especificidad es de casi 100%.
Entre los métodos de medicina nuclear, en el reflujo destacan el cintigrama renal realizado con ácido dimercaptosuccínico (DMSA) que es captado por las células tubulares del riñón, no siendo filtrado ni secretado, excelente para el diagnóstico de pielonefritis aguda reciente, para evaluar el porcentaje de parénquima renal funcionante y para detectar secuelas del reflujo como las cicatrices y la nefropatía de reflujo. La cistografía nuclear realizada con ácido dietillenetetramine-pentacético (DTPA) es muy sensible para el diagnóstico de reflujo, con un rendimiento mayor a 90%, pero no da anatomía. Es excelente para el seguimiento de un reflujo manejado médicamente o la búsqueda de un reflujo "escondido" cuando ha fallado la uretrocistografía convencional y el paciente repite infecciones urinarias febriles. Los métodos de medicina nuclear tienen la gran ventaja de irradiar decenas de veces menos que la radiación convencional.
La pielografía de eliminación, siendo excelente para función renal y evaluar cálices y cicatrices renales, ha ido perdiendo terreno en el ámbito del reflujo vésico-ureteral y se reserva por el especialista para casos de excepción.
Otros métodos de evaluación se realizan si la situación lo amerita, como la urodinamia, la cistoscopia y el estudio de columna vertebral.
MANEJO MÉDICO DEL REFLUJO
Los fundamentos para la elección de manejo médico del reflujo vésico-ureteral los podemos resumir de la siguiente manera. Se sabe que un alto porcentaje del reflujo primario mejorará espontáneamente en el curso de algunos años de evolución, sobre todo los reflujos de bajo grado. Es así que en los grados I y II el porcentaje de mejoría es mayor al 80 u 85% a cinco años plazo de acuerdo a datos nuestros y del Comité Internacional de Reflujo. El grado III tiene entre 60 y 65% de mejoría en diferentes series, y para los IV y V el porcentaje varia entre 30 y 45%.
Conocemos también que en la medida de que mantengamos estéril la orina la posibilidad de que exista daño renal en presencia de reflujo es casi inexistente, de ahí el uso de quimioprofilaxis permanente y prolongada en el manejo del reflujo. En nuestro país la elección es la nitrofurantoína por su costo bajo, excresión renal 100% y bajo porcentaje de resistencia de los gérmenes. Tiene el gran inconveniente de la mala tolerancia gástrica. En lactantes y en niños que no han tolerado la nitrofurantoína, las cefalosporinas de primera generación son excelentes para la prevención de la infección, ya que son mejor toleradas pero de mayor costo. Hay casos de moniliasis secundaria y cuadros diarreicos, pero escasos y no graves. Los preparados de trimetropin-sulfa han ido perdiendo espacio por la resistencia antibiótica, pero en algunas ocasiones son buena alternativa.
Las medidas para frenar la constipación en pacientes que la presenten son fundamentales en el manejo del paciente, ya que estos tienen aumentada la flora intestinal y tienen mayor disposición de gérmenes para producir infección. Por lo demás si hay una vejiga inestable asociada, las deposiciones acumuladas en el recto exacerban la sintomatología. Todas aquellas medidas de higiene que disminuyan la presencia de microorganismos en la zona genital también son importantes en estos pacientes.
El uso de anticolinérgicos en casos de vejiga inestable asociada es básico si queremos una resolución espontánea del reflujo.
Otras medidas, como la circuncisión, en Europa y en Norteamérica, son parte del esquema de tratamiento médico del reflujo en niños. En nuestro país por un aspecto casi cultural y de formación profesional, tratamos de mantener al máximo el prepucio, de ahí la reticencia a realizar circuncisión en nuestros pacientes con reflujo vesicoureteral, pero en casos seleccionados la hemos realizado para aminorar la posibilidad de recaída de infección urinaria, con buenos resultados a corto y mediano plazo.
El seguimiento lo realizamos con examen de orina con urocultivo cada 2 o 3 meses y cada vez que haya sospecha de infección. El ultrasonido lo repetimos cada 3 o 6 meses. El cintigrama DMSA a los 6 meses y al año para apreciar las secuelas y el estado del parénquima renal, y la evaluación del reflujo lo realizamos una vez al año con cistografía nuclear.
MANEJO QUIRÚRGICO DEL REFLUJO VÉSICO-URETERAL
El manejo quirúrgico del reflujo cada día más se ha ido encasillando en situaciones puntuales, interviniéndose la gran mayoría de los reflujos grados IV y V al cabo de algunos años de observación si no cedieron al manejo médico. También se operan todos aquellos casos de manejo médico en que ha habido fracaso con nuevas infecciones urinarias, abandono del tratamiento por los padres y en ciertas situaciones de índole social, como también en aquellos casos que aunque no exista infección se aprecia un daño renal progresivo. Todos los niños mayores de 6 años con reflujos grado III o superior, aunque no tengan infección, y la persistencia de reflujo en niñas adolescentes independiente del grado, con riesgo de infección urinaria en el embarazo son de resolución quirúrgica.
Aunque no son primarios, algunos tipos de reflujo secundario son de resorte quirúrgico como en el divertículo vesical paraureteral o de Hutch.
Entre las distintas técnicas quirúrgicas se describen las extravesicales (Gregoir) y las intravesicales. Entre estas últimas el reimplante ureteral cruzado en el trígono vesical (tipo Cohen), es una de las más difundidas en el mundo y con excelentes resultados. Castro y otros en nuestro hospital revisaron la casuística de la cirugía del influjo vesicoureteral entre los año 1987 y 1997. De 168 pacientes con reflujo, la mayoría grados III y IV, en el 95% de los casos se realizó cirugía de reimplante ureteral tipo Cohen, logrando 97% de resolución del reflujo con 0% de mortalidad y un porcentaje bajo de complicaciones, no más de 3% y casi todas de menor cuantía. Solo en 2 pacientes hubo que reoperar.
Otra técnica actual es la inyección subureteral de algún elemento como el teflón o colágeno, que sirve de sustento posterior al uréter y determina el cese del reflujo. Es una técnica de algunos años aun en evaluación y que está indicada en reflujos de bajo grado.
PRONÓSTICO
Las secuelas originadas por el reflujo vesicoureteral están determinadas por el grado de displasia renal, número de episodios de pielonefritis, y en general por el manejo realizado. Las cicatrices, presentes en la mayoría de los pacientes con reflujo, afortunadamente no tendrán repercusión clínica en la mayor parte de estos. Cuando la pielonefritis crónica afecta a ambos riñones el pronóstico se hace más reservado, y un 20% de estos pacientes van a tener hipertensión arterial en el transcurso de los próximos 10 años de evolución, condición que obviamente agravará la falla renal. A su vez, como lo señalábamos al principio, en Chile 12% de los insuficientes renales terminales derivan de nefropatías por reflujo, una secuela muy penosa para el paciente y la familia y de muy alto costo para la sociedad, motivo por el cual debemos trabajar arduamente para evitar estos problemas.
CONCLUSIÓN
Un alto porcentaje de los niños que han presentado algún episodio de infección urinaria tienen una malformación urológica asociada, donde el reflujo vesicoureteral es de los más frecuentes. La pesquisa oportuna de la infección urinaria y su tratamiento eficaz con la consecuente derivación de estos pacientes a los especialistas, permitirá aminorar al máximo las secuelas producto de la nefropatía por reflujo y nos permitirá reinsertar a estos niños a su familia y a su entorno social, permitiéndoles un desarrollo normal y libres de estar conectados a centros complejos hospitalarios de alto costo producto de una nefropatía terminal.
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